Cuando en junio nos empezamos a despedir toda la Timpurinkuja family definitivamente, todos teníamos una cosa clara: teníamos que volvernos a ver!! Como fuera, donde fuera, pero teníamos que hacerlo.
Aprovechando que Ákos decidió irse a trabajar a una granja en el norte de Noruega, Line había ahorrado y encontrado vuelos baratos desde Alemania y yo me quedaba en Finlandia pensamos “¿por qué no quedar en Oslo?” y hace dos fines de semana lo hicimos realidad!
Desde diferentes puntos de Europa (un húngaro desde Oppdal, una española desde Helsinki y dos alemanes desde Berlin) fuimos llegando a nuestro punto de destino: la estación de trenes de Oslo.
Ákos llegó el primero a las 7:30 de la mañana, y allí se suponía que me esperaría hasta que yo llegara (2 horas después). Como su móvil no funcionaba, yo tenía un poco de miedo de que no nos encontráramos porque yo no sabía absolutamente nada de Oslo ni sabía cómo iba a ser la estación. Pero él me dijo un día antes de nuestro encuentro “no te preocupes, me encontrarás”.
Y cuál fue mi sorpresa cuando, nada más llegar, me lo veo en una columna de pie con un pedazo cartel colgado del cuello que ponía “Cristina Vallejo. Velkommen til Norge (“Bienvenida a Noruega” en noruego)”
Nos fuimos a dejar trastos en el hostal, hacer el chek-in, patear la ciudad, a la oficina de turismo a preguntar por sitios para ver, desayunar por ahí…haciendo tiempo hasta que llegaran Line y Martin, su novio alemán.
Una vez estuvimos todos juntos, les acompañamos al hostal, nos fumimos a comer y, tras eso, empezó nuestra aventura!!
(hay que pinchar en las fotos, una vez abiertas, para verlas en su tamaño original)
Sin siquiera planearlo, nos encontramos con que era el festival de jazz en Oslo, con lo que había muchos mini conciertitos por las calles, un montón de gente en todos sitios (el tiempo era buenísimo), vamos, un ambiente inmejorable.
Como hacía tan buen tiempo, decidimos irnos a visitar el parque de Vigeland, famoso por sus más de 200 esculturas humanas esculpidas en bronce, granito y hierro.
Tras pasar varias horitas por allí volvimos al centro de la ciudad a comprar comida para el resto del fin de semana, a cocinarnos un poco en el hostal y a hacer sesión remember de Erasmus! ![]()
Yo me llevé mi disco duro para que Line se copiara todas las fotos que hicimos durante todo el año porque perdió toda la información de su disco duro, Ákos se trajo el portatil y, mientras se copiaba todo, tuvimos una buena sesión de recordar viejos tiempos
Al día siguiente nos tocó hacer más turismo por Oslo: ver una fortaleza (la Suomenlinna noruega), la opera, el puerto, un festival de las naciones (o algo raro) que había por cerca del puerto y, por la tarde, de compras aprovechando que empezó a llover! :p
El domingo, el último día, en las pocas horas que nos quedaban, decidimos ver el jardín botánico (muy muy bonito) y el museo de historia natural. Muy interesante ![]()
Es una pena que solo pudiéramos ver la parte de geología y paleontología, pero Ákos tenía que coger el bus que le llevara de vuelta a Oppdal y yo tenía que coger el tren que me llevaría al aeropuerto en pocas horas.
Despedimos a Ákos en la estación de autobuses y luego Line, Martin y yo nos fuimos por ahí a tomar algo para hacer tiempo mientras llegaba mi tren.
Como conclusiones del viaje puedo decir que Oslo es una ciudad super bonita, digna de visitar, pero excesivamente cara!! Creo que es la ciudad más cara en la que he estado hasta el momento…
Aunque, la verdad, en mi ranking de capitales nórdicas, no sé si la pondría antes o después que Estocolmo (desde luego, Helsinki sería la última en cualquier caso
)
Oslo tiene la parte buena de que tiene centro histórico, centro donde se concentran todas las tiendas pero, además, tiene islas, parques y bosques para perderse como en Helsinki…
En definitiva, un gran viaje de reencuentro que nos sirvió para conocer otra nueva capital eruopea que ninguno conocíamos y volver a revivir de nuevo un poco nuestra vida como Erasmus




































